Teva Pharma

Formación, avance y valor añadido

 
Irune Andraca

27/04/2015. En el artículo anterior os hablaba de la importancia de procurar ser cada día mejor, siempre sin perder de vista el porqué de nuestra profesión: nuestros pacientes. Intentar en la medida de lo posible que cada uno de ellos tenga o disfrute de la mejor calidad de vida, mantenga la salud y disponga de herramientas para poder prevenir la enfermedad.

Nuestra profesión se halla en constante evolución. Cada año en las facultades se cambian los programas educativos. Un ejemplo habitual es el de asignaturas como farmacología o galénica, donde nos encontramos no solo con una evolución en lo que a investigación clínica se refiere, sino que cada vez se investiga más y surgen novedades en farmacia comunitaria y asistencial. Por eso no hemos de quedarnos quietos, hemos de avanzar.

Históricamente, el boticario se dedicaba a la elaboración de medicamentos y fórmulas magistrales en su botica. En los años 90 pasó a ser el “guardián del medicamento” y valor de la dispensación informada pasaba a tener mayor relevancia. Ahora no debemos quedarnos en eso. Como os decía en el artículo anterior, hemos de ser proactivos, no ceñirnos a dispensar cajitas y recortar precintos, ya que en ese caso cualquier día nos convertiremos en prescindibles para el sistema y terminaremos por encontrarnos máquinas dispensadoras de medicamentos en los centros de salud en lugar de farmacéuticos. Y ¿qué más quieren que prescindir de nosotros? Como profesional del medicamento debemos ofrecer al ciudadano, no sólo al paciente, un valor añadido, una razón para seguir confiando en su farmacéutico.

Por esa razón necesitamos formación continua. Busca los cursos que más se adapten a tus carencias, trata de invertir tiempo en ello, ya que es un valor que redundará en la buena atención que ofrezcas a tus pacientes.

Además, hemos de pensar que la farmacia comunitaria, mal que nos pese, también es un negocio, que aunque sea de interés público, es un negocio privado. Y si el negocio no es rentable, no servirá de nada la formación sanitaria que hayamos conseguido recopilar, porque nos veremos abocados al cierre.

Como os comentaba, debemos buscar la formación que cubra nuestras carencias, y una de ellas es claramente la formación en gestión de la oficina: marketing, finanzas, organización empresarial. Es increíble que a pesar del alto porcentaje de alumnos que terminarán  gestionando una oficina de farmacia, no tengan la opción de especializarse en farmacia comunitaria. Creo firmemente que es una especialidad que debería existir, al igual que existen otras como farmacia hospitalaria, análisis clínicos, radiofarmacia o farmacia industrial y galénica. Pero de eso ya os hablaré otro día.

Vosotros seguid formándoos.

Mi nombre es Irune Andraca y soy farmacéutica comunitaria.