Teva Pharma

Vocación de servicio en tiempos difíciles

 
Irune Andraca

30/11/2015. Tradicionalmente, las farmacias hemos sido puntos de información de salud y de prevención de la enfermedad. De cada tres personas que entran a las oficinas de farmacia, una sale con un consejo sanitario y sin adquirir ningún medicamento. Todo eso, a pesar de que en estos momentos nuestra retribución profesional está supeditada exclusivamente al precio del medicamento, tendente a cero.

Hace unos días, leí en Twitter parte de la transmisión del Congreso de Autocuidado y, en cierto comentario, me pareció leer que cierto alto cargo de la farmacia española decía que “la exclusividad no la da el canal farmacia, sino el farmacéutico”. Bien, pues yo le respondo que depende de qué farmacéutico y de qué canal.

Ahora mismo existen en las bolsas de empleo de los diferentes colegios de farmacéuticos ofertas publicadas por entidades como Carrefour o Eroski. Me consta que solicitan licenciados en Farmacia para contentar a ciertos laboratorios que venden sus productos de parafarmacia en estas superficies. Me parece lícito por parte del laboratorio que lo exija a su distribuidor. Y creo que, en realidad, estos pasos se dan con la intención de allanar el camino para una posible salida de los medicamentos sin receta a las grandes superficies.

Sin embargo, no estoy de acuerdo con que por el mero hecho de contar con un farmacéutico ya se esté velando por la salud del consumidor (en las grandes superficies me parece feo hablar de pacientes). Desde mi desconocimiento, creo no equivocarme al pensar que estos farmacéuticos deberán cumplir los mismos cometidos que otros miembros del personal del supermercado, como puedan ser la reposición de estanterías o control de stock y caducidades, y que sus contratos seguramente no se rijan por el convenio de farmacia, a pesar de que su título fuera uno de los requisitos para el puesto.

La gran baza de los supermercados es el autoservicio, y estoy segura de que no sería diferente en la sección “farmacia”. Ya me imagino yo al encargado diciéndole al farmacéutico que no “distraiga” a las señoras que están haciendo la compra preguntándoles por sus problemas de salud, que si se entretienen más de lo esperado comprarán menos, a menos que esa distracción vaya encaminada a “colocarles” algún otro producto de venta cruzada. (Una nota: si algún farmacéutico de los que leen estas líneas ha trabajado alguna vez en ese sector, por favor que contacte conmigo, de verdad que tengo mucha curiosidad por saber cuáles eran sus condiciones de trabajo).

Nuestro trabajo ha de ser remunerado más allá del margen del medicamento, porque no es de recibo que el hecho de actuar profesionalmente, desaconsejando la toma de algún medicamento OTC que nos soliciten, nos perjudique económicamente. De ahí la necesidad imperiosa de hacer crecer los servicios profesionales remunerados, de hacerle ver al paciente la conveniencia y las ventajas de los mismos, de manera que seamos todos, no sólo los farmacéuticos, quienes exijamos la remuneración por parte del sistema sanitario. Porque los constantes recortes, decretazos y bajadas de precios están haciendo que muchos compañeros echen a perder su vocación y se centren exclusivamente en obtener rédito de su oficina de farmacia, y por ello no es de extrañar que la mayoría de la población nos vea exclusivamente como establecimientos comerciales y no sanitarios, o que tengamos que oir comentarios del tipo “no me intentes colocar nada, que ya me vendieron otras tres cosas en la farmacia de Fulanito que no sirven para nada”.

Steve Jobs decía que había que sumergirse en la experiencia del cliente y pensar de dentro hacia fuera, identificar esas necesidades y descubrírselas al consumidor con nuestros productos. Nosotros ya hemos recorrido gran parte del camino, porque sabemos qué es lo que puede ayudar a nuestros pacientes y cuáles son sus necesidades (ayudar a la adherencia de tratamientos, educación para manejo de dispositivos complejos, seguimiento de la farmacoterapia…) Ahora sólo falta que los pacientes conozcan que tienen esas herramientas en sus farmacéuticos de confianza, y si logramos que sea una necesidad universal, tal vez logremos entre todos ejercer la presión necesaria para que las autoridades sanitarias reconozcan el valor de nuestra profesión. Ahora que llegan las elecciones, sería una buena idea para incluir en algún programa electoral.