Teva Pharma

Polémica en torno al derecho a la objeción de conciencia en la profesión farmacéutica

 
Irune Andraca

23/07/2015. El pasado día 6 de julio nos encontramos la noticia de que el Tribunal Constitucional otorgaba amparo a un farmacéutico de Sevilla que había sido sancionado por no disponer de la píldora del día después. Creo que todos tenemos una opinión formada sobre este tema y, de hecho, no entraré a valorar la decisión ni del farmacéutico, ni de la Junta de Andalucía al sancionarle, ni del Tribunal Constitucional al darle amparo. Pero me gustaría profundizar desde aquí en "las entrañas" de la nota de prensa que emitió el TC.

Una vez leída la resolución, lo primero que me vino a la cabeza fue que no es lo mismo ser sancionado por no dispensar la PDD que por no disponer de ella. De hecho, muchos medios mencionaban que la sanción se debió a la negación de dispensarla, cuando en realidad fue consecuencia de no disponibilidad en la farmacia. Cualquiera podría decir que las dos situaciones son lo mismo, pero, en mi humilde opinión, no es así: la no disponibilidad supone que podría disponer de ella en un plazo de medio día, en la mayoría de los casos, al poder encargar la misma al almacén de distribución. Todos sabemos que la eficacia de esa píldora disminuye con el paso del tiempo, por lo que lo más probable sería que cualquier paciente que acuda a buscarla quiera tomarla en el menor plazo de tiempo desde la relación de riesgo y rechace el ofrecimiento de encargarla para esa misma tarde o para el día siguiente. 

Y este es un factor que ha tenido en cuenta el TC para conceder su amparo: que el farmacéutico no limitó el derecho de la paciente al acceso al medicamento, porque en realidad no hubo tal paciente, sino que la Junta de Andalucía le sancionó por no disponer de ella cuando es uno de los fármacos de tenencia obligatoria en esta Comunidad Autónoma. 

En segundo lugar, la nota tiene en cuenta la ubicación de la farmacia en cuestión. Si llegado el caso (que no fue así), una paciente hubiera solicitado la PDD en esa farmacia, ante la no disponibilidad de ella (que no la negación de dispensar), la paciente podía acudir a cualquier otra farmacia del centro urbano de Sevilla, que es donde se encuentra el establecimiento en cuestión, a buscarla. Por tanto, la cuestión "no es tan grave". Mi pregunta es: ¿y si tal farmacéutico, debidamente registrado como objetor de conciencia, regentara una farmacia rural? ¿Una de esas que abastecen a 5 pueblos alrededor y cuya farmacia más cercana se encuentra a cientos de kilómetros? ¿Cambiaría el sentido de la decisión? Es más, si todos los farmacéuticos nos acogiéramos al derecho a la objeción de conciencia y no dispensáramos la píldora, ¿estaríamos limitando el derecho de los pacientes al acceso al medicamento?

Creo firmemente en el derecho a la libertad de culto y a la libertad de creencias, pero también soy de las que tiene como máxima que la libertad propia termina donde comienza la de los demás. Así pues, en este caso en concreto, no se ha vulnerado el derecho de la población al acceso a ciertos medicamentos porque había otras farmacias alrededor, pero no sé si, en caso de que los factores de ubicación e inexistencia de paciente concreta no se hubieran dado, otro gallo cantaría. 

En tercer y último lugar, la nota ampara la objeción de conciencia en relación a la dispensación de la PDD, pero no así acerca de la de los preservativos. Y, en este caso, he de decir que me parece fundamental. Los farmacéuticos somos agentes de salud, que hemos de velar por la salud de nuestros pacientes y por la salud pública en general. El farmacéutico en cuestión (desconozco si el resto de farmacéuticos que deciden no dispensar preservativos piensan igual) afirma que el uso de preservativos "fomenta la promiscuidad, aumentando el riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual..." y creo que este punto es una equivocación. No podemos dar la espalda a la realidad de la sociedad, precisamente porque hemos de conocer esa sociedad para poder velar por su salud.

La realidad es que cada vez se tienen más parejas sexuales y que hay un repunte bastante importante en la aparición de ETS, no sólo en nuestro país. La revolución sexual no se debe a que vendamos preservativos: no hay más que pararse a mirar la televisión durante un par de horas para darse cuenta de que la sexualidad es casi el leiv motiv de muchas campañas de publicidad, de muchos programas de televisión. En casi todas las series existe un factor de tensión sexual, en muchísimas películas aparecen escenas de sexo, tanto implícito como explícito...
La realidad es esa niña que con 16 años afirma haber tenido relaciones sexuales desde los 11, pero a la que nadie ha enseñado cómo es (ni mucho menos cómo poner) un preservativo, y que cree firmemente que el “cuento ese” de la sífilis y la gonorrea nos lo hemos inventado "los mayores, para meterles miedo y evitar que se diviertan". La realidad es que el SIDA ya no mata, se cronifica, y que la gente le ha perdido el miedo a todas las ETS en general.

La realidad nos dice que para evitar contraer ETS si eres una persona sexualmente activa, el método más eficaz es utilizar el preservativo. El otro método es no ser sexualmente activo, pero nadie te va a asegurar que si decides compartir tu vida con alguien, esa persona nunca haya tenido sexo antes, o que no vaya a tenerlo a tus espaldas. 

La realidad es esa niña de 15 años que ha roto su hucha para poder ir a comprar la píldora del día después a la farmacia y que, entre todas las monedas, lleva una anilla de lata de refresco. 

La realidad, por triste que parezca, es esa. Y no arreglamos nada dándole la espalda. Afrontémosla, eduquemos y pongamos los medios para preservar la salud general.