Teva Pharma

No somos porteras

 
Irune Andraca

28/09/2015. Durante las últimas semanas, en las redes sociales han corrido ríos de tinta en relación a una noticia que saltaba a los medios (en realidad ni siquiera era una noticia, sino un punto de vista de Agustín Rivero, Director General de Cartera Básica de Servicios del Sistema Nacional de Salud y Farmacia) que avalaba la conveniencia de que la oficina de farmacia tenga acceso a la historia clínica digital de los pacientes “o, al menos, a algunos aspectos de ella", ya que, de este modo, se facilitaría el seguimiento farmacoterapéutico por parte del farmacéutico.

Para ser sincera, no puedo ser imparcial en este tema, ya que cada día me encuentro con al menos un paciente al que podría ahorrar una visita al médico si tuviera acceso a su historia clínica. Y no me refiero a acceder a los valores de analíticas realizadas en urgencias durante su estancia por un episodio, digamos, de gripe complicada, sino a ciertos aspectos que nos harían la vida más fácil tanto a los pacientes como a los farmacéuticos e incluso a los médicos. Lo que denominaríamos la Historia Clínica Necesaria.

Tampoco soy partidaria de un acceso ilimitado por el simple hecho de acceder a la receta electrónica del paciente. Todos sabemos que las intenciones no siempre son nobles, porque la raza humana es así. En muchos casos, un profesional sanitario del centro de salud podría acceder a mi historia clínica sin haber dado yo mi consentimiento por sólo haber solicitado una cita. Imagino que la mayoría de médicos que se posicionan con un "NO ROTUNDO" a este acceso a la historia blanden este argumento. Y digo que imagino, porque en la gran mayoría de opiniones que leí de aquellos que se mostraban en contra éstas no argumentaban su posición.

Para ilustrar mi opinión os pondré un ejemplo muy básico que me ocurrió la semana pasada: una mujer de unos 60 años de edad, clienta esporádica de la farmacia, solicitaba algún remedio ("algo natural", decía) que pudiera aliviarle los sofocos propios de la menopausia. Esto es lo que ocurrió:

Sin acceso a la Historia Clínica:
- Bien, entonces, ¿lo que quieres es algo, digamos, "natural" para combatir los síntomas de la menopausia?
- Sí, así es.
- Bueno, necesito saber un par de cuestiones para poder decidir cuál es el tratamiento más indicado para ti... ¿has sufrido alguna vez de insuficiencia renal o has padecido algún cáncer?
- Los riñones siempre los he tenido bien, pero... sí, hace un par de años me extirparon un tumor...
(Y todo esto está ocurriendo en el mostrador, con la falta de intimidad que conlleva)
- Vaya, cómo lo siento, espero que todo fuera bien... ¿no sabrás si por casualidad ese cáncer era estrógeno-dependiente? 
- (...)
- Entiendo que tu médico no te lo comentara. Para poder darte el producto que solicitas, necesitaría saber ese dato, y deberías consultarlo con tu médico.

Hora y media después la paciente volvió con una receta blanca con la prescripción del mismo producto que había pensado en dispensarle, si bien se trataba de una especialidad farmacéutica publicitaria. 

Pero la historieta habría sido muy diferente si hubiera tenido acceso a su historia clínica:

Con acceso a la Historia Clínica:
- Bien, entonces, ¿lo que quieres es algo digamos "natural" para combatir los síntomas de la menopausia?
- Sí, así es.
- Verás, en principio te recomendaría unas cápsulas a base de fitoestrógenos, pero para poder decidir cuál es el tratamiento más conveniente para ti necesitaría saber un par de cosas de tu salud, ¿te importaría que accediera a tu historia clínica?
- No, claro, lo que necesites. (Consentimiento, bien por escrito, por código PIN o por cualquier método que se os ocurra).
- (Acceso a la historia; historia de carcinoma maligno, tumor ER-negativo; por supuesto, esto es desde mi inventiva, obviamente nunca he accedido a la historia clínica de nadie y no tengo ni idea de si los resultados de anatomía patológica se pueden consultar de esa manera...)
- Bien, de acuerdo a lo que he podido comprobar, puedo dispensarte estas cápsulas que...

Ventajas: a la paciente se le dispensa en el momento (y no hora y media después con la consiguiente pérdida de tiempo teniendo que acudir al médico y de vuelta a la farmacia) un producto que puede ayudarle a aliviar los síntomas que refiere y resolver su problema de salud; nadie ha escuchado en el mostrador que ha padecido cáncer; y el médico no ha tenido que atenderla para confirmar si puede tomar ese medicamento publicitario o no. Quisiera poner de manifiesto que las mayores ventajas son para el paciente y el médico. El farmacéutico lo único que ha ganado con este sistema es seguridad en su actuación profesional. 

En resumen: acceso a la historia clínica, sí, PERO:

  1. 1 - Sólo a los datos absolutamente necesarios para ejercer nuestro trabajo, que incluye el seguimiento farmacoterapéutico de ese paciente: problemas de salud, alergias e intolerancias, historial farmacoterapéutico... Para poder prevenir y detectar posibles reacciones adversas, problemas relacionados con los medicamentos y, en definitiva, velar por la SEGURIDAD del paciente.

  2. 2 - Siempre con el consentimiento previo del paciente,
     preferiblemente en el mismo momento de requerir el acceso (si necesito saber algo sobre tu historia para ofrecerte una solución u otra a tu problema de salud por el que me estás consultando). Se me ocurre, por ejemplo, una especie de código PIN como el de los datáfonos, que lo tenga que teclear el propio paciente. Y que no sea un acceso indiscriminado: todos sabemos que el paciente contaría ciertas cosas a un farmacéutico y a otro no.
  3. 3 - Que el acceso incluya también la posibilidad de registrar nuestras intervenciones, juicios farmacéuticos y dispensaciones de medicamentos sin receta y complementos nutricionales para poder COLABORAR con el equipo asistencial perteneciente al SNS. Asimismo, que sea el paciente quien nos indique si quiere que su médico tenga acceso a esos datos registrados por nosotros. Muchos médicos de esos que se creen propietarios de la historia clínica de sus pacientes se sorprenderían de cuántos de ellos consultan en sus farmacias acerca de problemas "que no se atreven a contarle a su médico".

Para concluir, me gustaría que los detractores recalcitrantes de este acceso por parte del farmacéutico a la historia clínica de los pacientes no olvidaran que NO SOMOS PORTERAS (con todo mi respeto a este colectivo); SOMOS PROFESIONALES DE LA SALUD, y que, si bien no hemos hecho un juramento hipocrático como tal, nuestra deontología nos obliga a buscar el beneficio de todos y cada uno de nuestros pacientes, por lo que toda herramienta encaminada a conseguirlo será no solo bienvenida, sino defendida y exigida.